Ayer me contó un amigo mío que un restaurante de Caracas, un lugar no demasiado caro pero no barato, donde lo atendieron medianamente bien. Pidió la cuenta, se la trajeron y él después de revisarla, sacó su tarjeta de crédito para pagar. El mesonero se dio cuenta y se acercó y le dijo:
- ¡AMIGUITO! Te recuerdo que con la tarjeta de crédito no puedes dejar la propina.
Cabe destacar que el “amiguito” en cuestión en un señor de casi cuarenta y cinco años, a quien no le gustó para nada el nuevo apelativo. Uno puede entender que el señor esté pendiente de su propina, después de todo es su trabajo y su sueldo seguramente es bastante bajo. Pero ha podido hacer lo mismo de una forma mucho más cortés y educada, que quizás hubiese logrado que mi amigo dejara más propina de lo que había pensado dejar en un principio.
Hace falta un entrenamiento URGENTE!!!

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